... y se da de boca contra un palo para colgar la ropa.
Tendido en el piso, hace una pausa y observa.
Observa su vida, el cielo, la ciudad, y pierde el sentido de las cosas. Pierde el sentido de sí mismo, y le gusta. Le gusta no entender nada otra vez.
Viendo a su alrededor encuentra el nido de un pájaro muerto.
Se acerca atraído como una mosca, y se rinde ante el asqueroso espectáculo.
Se arrodilla frente al nido, abre la boca y vomita.
El pájaro muerto lo mira y empieza a volar.
El viejo lo persigue, y cuando llega al borde de la azotea salta, y se prende de sus patas sujetándose firme con las manos.
Los dos sobrevuelan la ciudad mientras el sol cubre de fuego el pavimento.
miércoles, 23 de abril de 2008
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